Viajamos escuchando música un largo tiempo, el Zanco me hablaba de tantas cosas, él era el único emocionado con el viaje. Yo por momentos miraba por el espejo a Ana, desde que subió no dijo una palabra, se la pasó apoyada sobre una de las puertas mirando la ruta. Bajé la música, Francisco me miró como enojado. _ Ana, ¿Te pasa algo?_ le pregunté mientras quitaba las mano del Zanco de la perilla del volumen. _Creo que no es buen momento para que le hablés_ me susurró, mientras continuaba intentando subir el volumen. Ella no se movió para nada, fue como si no me escuchó. Dejé que suba el volumen. El Zanco no dejaba de mirarme, sabía que mi impaciencia me ganaría. Pasaron dos horas desde que partimos, recordaba cada rato el nombre del pueblo “Las Fresas”, era un extraño nombre o gracioso me parecía en realidad. El auto empezó a quedarse, empezó a dar frenadas. _¿Qué hacés?_ exclamó el Zanco, y lo miré como sorprendido, realmente no sabía que estaba mal. Paré el auto a la orilla de la ruta y en ese momento se detuvo completamente. Nos miramos con mi copiloto y seguido de eso una nube de humo salió del motor. Salimos apurados por si pasaba algo peor. Miré al asciento de atrás y Ana estaba inmóvil, me acerqué le abrí la puerta rápidamente, le dije que salga, ella ni me miró y salió lentamente, miró a ambos lados de la ruta y cruzó. El Zanco, abrió el capot del auto, y salió mas humo. _Vení a ver que pasa acá, vos sabes de estas cosas_ me gritó mientras se tapaba la cara. Yo miraba como Ana se alejaba, pero reaccioné y me acerqué al auto. Miré completamente el motor y la verdad, no tenía idea que es lo que pasaba.
_Bueno, pero vos viviste en un taller desde pequeño_ me dijo la psicóloga casi recriminando el no saber que es lo que pasaba con el motor. _Si viví muchos años, pero nunca supe arreglar nada, solo veía a Kike o los autos, pero no me interesó nunca el oficio_ le contesté un poco nervioso, sentí que eso había sido un error en mi vida, pero al mismo tiempo tampoco me importaba demasiado. Ella me miró, anotó algo en su cuaderno mientras movía la cabeza con gesto de negación, pero me hizo la seña y continué el relato.
_¿Cómo que no sabés que tiene? ¡¿Sos mecánico?!_ me gritó el Zanco, mientras se tomaba la cabeza. _Yo no soy mecánico. Kike es el mecánico_ _Pero te pasaste la vida en su taller, algo tenía que haber aprendido_ y así continuó criticando mi vida. Yo me aparté en mi mente y pude ver el lugar donde Ana se había dirigido. _¡Ya dejá de gritar y vamos a ver donde podemos llevar el auto!_ le dije, me miró y no dijo nada. Solo accedió, cruzamos la ruta y nos dirigimos al comedor que estaba entrando por un largo camino. _Yo creído de la vida que algo sabías de mecánica_ me dijo mientras sacaba un chupetín, le sacó el envoltorio _Hoy no hay uno para vos por mal mecánico_ sonrió. Yo la verdad no le di importancia, aunque la verdad si quería un chupetín. Llegamos a ese comedor, estaba lleno de gente. Justo cuando entramos, salía un hombre mayor, un viejo con una camisa a cuadros, idéntica a la que usan los leñadores estadounidenses, de colores rojos con verde. Quedamos como apretados en la entrada, el hombre se apuró y nos dio el paso. _Buen día_ nos dijo, le respondimos. Estábamos por entrar al bar _Parece que va a llover hoy_ nos dijo mientras sacaba un paquete de cigarrillos de su bolsillo. _Así parece_ le respondí por que me sentía incómodo. El Zanco me apuró para entrar _Que tenga buen día y cuidado con el agua_ le dije mientras entraba _ Me gusta la lluvia no tengo que temerle. Que tengan un gran viaje ustedes_ terminó de prender su cigarrillo y se alejó. Ana estaba hasta el final del lugar, miraba por la ventana. Eso me volvía loco, que le había pasado, me daba mucha intriga. El Zanco me tomó del hombro y me giró. _¡No lo hagas!_ me dijo serio, cosa que le costaba un poco, pero ahora estaba serio. Yo lo miré y me sonreí. _ ¿Qué cosa? Si no hice nada aún_ le respondí. _Pero lo vas a hacer. Ella está saliendo con otro y vos nunca le dijiste nada_ miré a mi amigo y agaché la cabeza. Era verdad, Ana había seguido su vida como se esperaba, su novio tenía mucho dinero y estaba a punto de convertirse en abogado. Fue la elección correcta para ella. Nos sentamos al frente de ella, ni siquiera se movió, seguía concentrada. _Vamos a tener que buscar un mecánico por que el nuestro resultó ser una truchada_ dijo mi querido amigo. La moza llegó y nos tomó el pedido, le dejó un café con galletas a Ana. Yo nunca pude evitar verla, estaba triste o así parecía. Endulzó ese café casi de costado, lo mezcló. Volteó para nuestro lado, se quedó mirándonos, iba a decirnos algo. Ambos estábamos como esperando sus palabras. Pero solo hizo un sorbo de su café, tomó una galleta, hizo otro sorbo y con la mano donde tenía la galleta apuntó a través del bar, ambos seguimos la dirección y nos topamos con el Renault 11 que venía en dirección al bar, luego dobló nos apuramos con el Zanco para salir y pasó por delante de nosotros, ese viejito de la camisa a cuadros, con el cigarrillo en la boca, nos saludó alegre. La tierra que levantó hizo toser al Zanco, yo mientras buscaba las llaves por todos mis bolsillos. Miré al Zanco y fruncí el ceño mientras me tocaba la cara. _ De mecánico a pelotudo en menos de cinco minutos_ dijo y me dio un golpe en la nuca.
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