Mi siguiente parada fue en un pueblo llamado “Santa Banda”. El conductor me dijo que Cajales, estaba lejos todavía, él no iba por ese rumbo y me dejó lo mas cerca que pudo. El hambre me comenzó a atacar, no había comido en horas de viaje y no tenía dinero para comprar nada. Solo tenía la guitarra. Este pueblo era muy grande de lo que esperaba, había una gran panadería, un supermercado, una vinoteca, herrería, taller mecánico, había de todo. Entré en el bar que se encontraba casi en el centro del lugar. Miré el reloj que estaba encima de la cajera, las 18.00 hs, en poco tiempo empezaría a oscurecer, y yo con mucha hambre. Tomé coraje y me acerqué a la cajera _ ¿En qué le puedo ayudar?_ me dijo sonriente, yo me quedé avergonzado delante de ella _ Me robaron el dinero que traía y vengo viajando hace horas, no comí nada y ya no doy mas del hambre ¿Podrías convidarme algo?_ se lo dije, en voz baja y con mucho temor. Ella me miro y me dijo…
_Un momento ¿Qué pasó con el pueblo de las fresas? ¿Y desde cuando esa guitarra?_ me dijo Rosario, mientras se rascaba la cabeza con la lapicera. Yo no le conté esa parte, lo que pasó en ese lugar era para mí solamente, pero ella estaba muy interesada en mis relatos, seguramente no hablaba con alguien interesante o simplemente, yo llenaba algo en ella. Al ver su atenta pregunta, no sabía que responderle. Pero me tomé el tiempo necesario _ No sé bien como decírselo…_ aclaré mi voz _ Está bien, entiendo. Hay algunas cosas que no vas a contarme_ me lo dijo sin dejarme terminar, era como si ella sabía lo que estaba pensando. Por un momento pensé que era extraño, pero también fue por que olvidé que era psicóloga, su experiencia seguro le hizo anticipar o entender ciertos comportamientos. Me hizo la seña para que siga la historia, mientras anotaba en su cuaderno, eso me daba mucha curiosidad, siempre anotaba, que cosas serían. _¿Vas a continuar o terminaste ahí?_ me dijo mientras se acomodaba los anteojos, tomó su lapicera y anotó algo mas. De repente noté que me interesaba que estaba escribiendo de mí, o si era sobre mí. No divagué mas y continué.
La cajera me dio unas empanadas, salí a comer afuera, vi un banco que se encontraba al lado de un naranjo. Ahí comencé a comer, la verdad no me duraron mucho tiempo, me quedé mirando como el sol empezaba a ocultarse detrás de unas montañas, algunas luces del pueblo se prendieron, llegaba la noche, solo, sin dinero, sin ropa. El sol estaba a punto de ocultarse, las luces del bar se encendieron, cuando se terminó la luz natural, me enfoqué en el bar, era lo mas iluminado del lugar. Una mujer estaba tirando la basura, terminó y empezó a caminar hacia el bar, entonces ahí reconocí ese caminar tan único, era como si pisara con la punta de los pies, era algo elegante a pesar de tener puesto un uniforme tan feo como ese. Corrí deprisa, hasta quedar al frente de ella _ Hola Ana. ¿Cómo estás?_ estaba agitado, la guitarra pesaba. Ella me miró, se quedó un rato viéndome, abrió la boca y sacó un chicle que tenía y lo tiró al basurero, me esquivó _¡Esperá! _ no me hizo caso y cerró la puerta con fuerza. Corrí con prisa, a la entrada principal, entré la gente me miró con asombro, Ana estaba tomando el pedido de una mesa, me acerqué _¿Qué haces trabajando acá?¿y el zanco? ¿Dónde está?_ le murmuré mientras anotaba en una libreta el pedido, extendió su mano para que la gente de la mesa deje de hablar, me miró con un gesto de desprecio y me señaló una mesa vacía al fondo del lugar, me senté ahí, supongo que quería que la espere, pasó un buen rato, la vi atender las mesas, vi como los hombres murmuraban de ella cuando se daba vuelta, no era algo extraño, ella nunca pasaba desapercibida por ningún lugar, tenía esos preciosos ojos marrones que no podías dejar de ver. Pasó un largo rato, la cajera conversaba con Ana, me miraba y luego reía. Las luces se apagaron y se encendió una luz en un pequeño escenario, no lo noté nunca desde que llegué, creo que era bastante evidente pero yo no lo vi para nada _ Bienvenidos a esta noche de jueves, me alegra ver a los conocidos de siempre. Bueno vamos a presentar a nuestro cantante, su nombre es Jonás, un fuerte aplauso para él_ la cajera anunció eso y me señaló, todo la gente se dio vuelta, los aplausos comenzaron, Ana se acercó y me puso de pie, la miré con asombro _ ¿¡Qué!?, no, yo no tengo nada que ver_ le dije, pero ella me empujó al escenario, no me quedó otra cosa que subir. Me senté en la silla, me acercaron un micrófono. Estaba muy asustado, sabía tocar los temas pero no tenía voz afinada, no iba a poder cantar nada, y menos ante el público _Hola a todos. Voy a tocar un tema llamado “esperanza de ayer”, espero les guste_ nadie dijo nada, empecé a tocar, estaba nervioso, no miré a la gente para mi suerte la introducción era larga hasta tener que cantar. Cuando llegó el momento, me acerqué al micrófono, pero no podía hacerlo, estaba al frente, pero no podía. Me quedé tocando, la gente se dio cuenta que no empezaba a cantar _¿Y? ¿Para cuando cantas?_ dijo un hombre que estaba cerca, lo miré, dejé de tocar. _ ¡Se olvidó la letra!_ gritó un hombre y empezaron a reír. Me quedé helado. Entonces algo pasó, Ana tomó el micrófono, empezó a cantar, me sorprendí, me hizo un gesto para que comience a tocar de nuevo, lo hice automáticamente. Y lo que siempre imaginé se hizo realidad, Ana cantaba hermoso, la gente dejó de comer, solo para ponerle atención a ella. Era una voz soñada. Terminó el tema y la gente se paró a aplaudirla, creo que yo estaba tan asombrado como ellos. Ana me miró, cerró su puño, extendió su pulgar apuntando a mi y sonrió. Hicimos unos tres temas más y bajamos, le gente lo disfrutó, yo también. Al bajar del escenario, se me acercó el dueño del bar, nos preguntó a ambos si queríamos hacer funciones durante la semana _¿Y? ¿Les gusta la idea?_ nos cuestionó de nuevo, yo mantenía la vista en ella, era su voz la que hizo que a la gente le guste. Ella no dijo nada _¿A cuanto está el siguiente pueblo?_ le pregunté, creí entender lo que Ana sentía o lo que yo sentiría. _A media hora en auto_ me respondió confundido _ Arregle con ella, es su empleada, yo tengo que seguir viaje, no me puedo quedar acá_ le respondí, el hombre entendió, me pagó por la actuación y estrechó mi mano. Luego se apartó con Ana y empezaron a hablar, yo guardé la guitarra, salí del lugar y empecé a recorrer el pueblo buscando donde quedarme, me senté en un banco hasta que me dio sueño. Me despertaron los primeros rayos de sol, fui al supermercado, compré un cepillo de dientes, dentífrico, una toalla, desodorante y algo de comida. Tenía que salir de nuevo a la ruta, y seguro iba a tener hambre de nuevo. Me lavé en el baño del supermercado, salí a la ruta, y ahí esperé que algún auto me lleve. Paró una camioneta, con un hombre sonriente _Sos el guitarrista de anoche, me gustó bastante su música. Subí, te llevo_ me señaló la caja _Tu compañera está atrás_ miré la caja y ahí estaba Ana sentada, con una mochila y el pelo recogido, me ayudó a subir y partimos.
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