CAPÍTULO 1 “El primer Jonás"

      Mi nombre es Joaquín, Joaco me dicen algunos y mi madre siempre me dijo “Jonás”, la verdad nunca entendí por qué, pero cuando cumplí los 17 años, me enteré que todo mi barrio estaba seguro que yo era hijo, de una ex pareja de mi madre que se llamaba Jonás. Cuando le pregunté a ella, se quedó callada un largo rato, encendió un cigarrillo, se levantó y entró fumando al baño. No me dijo nada. Entré al baño y le repetí la pregunta, me miró desde el inodoro. _Nunca me acosté con Jonás_ me respondió, luego una flatulencia me hizo tomar el desodorante de ambiente y tirar en el baño. Nunca más pregunté sobre el supuesto Jonás. Un año después, justo antes de mi cumpleaños, ella tomó una valija, puso algo de ropa, se acercó a mí lentamente. _Jonás siempre te voy a querer_ Me dijo llorando. Se fue, y no volví a verla. No entendí que se había despedido hasta unas dos semanas después, que se me rompió un pantalón y quería que lo arreglara. En ese momento, después de tantas vueltas por la casa lo entendí. Aunque no sentí tristeza, en cierto modo fue algo que hasta yo sabía que pasaría.
       “Zanco” mi amigo. Francisco Pertero. Le dicen así porque su padre tenía un par de zancos, y él un día de verano los usó para intentar sacar la pelota de un árbol. Se subió a los zancos desde la pared de la vecina y comenzó a caminar hacia el árbol, cuando estaba apunto de bajar la pelota, pisó mal, cayó y se quebró el brazo derecho. Hoy en día le preguntan por qué nunca pidió la escalera al vecino. Y el siempre les responde: _Porque yo quería sentirme como en el circo_  y con el tiempo que lo conozco, sé que es verdad, era un amante del circo, pero luego de eso su madre obligó a su padre que haga desaparecer el par de zancos. Nos hicimos amigos desde chicos, nunca peleamos, no hablábamos de cosas tristes, solo jugábamos y molestábamos. Nunca preguntamos sobre la vida personal, hasta un día cuando estábamos muy borrachos en un bar, me preguntó _ ¿Y tu mamá va a volver algún día?_ sonriendo y levantando el vaso con pulso inestable. Recién en ese momento, con esa pregunta, recordé que paso mucho tiempo desde que mi mamá se fue. Recuerdo muy poco de ella, su nombre siempre fue bello “Emma”, así es, ese es su nombre. Tuvo una vida difícil, me decía siempre mi padre, que cuando iba a visitarlo al taller, mientras reparaba un auto, hablaba por horas de ella, incluso cuando yo me había ido. “Kike” así le dicen a mi viejo, supongo que llamarlo Raimundo, como su madre lo castigó, era demasiado complicado y alguien le puso ese apodo. Aún así, es distraído, una laguna andante, nunca recuerda nada, siempre pierde todo. Recuerdo un día, estaba en tercero o cuarto grado, un 9 de Julio, no tengo que aclarar que es un día feriado. Él se levantó asustado, me vistió, desayunamos, y salimos en auto a la escuela.  Yo tenía el leve presentimiento de que ese día no tenía que ir, pero no hice mucho hincapié en esto y me dormí en el asciento de atrás. Llegó, me dejó en la puerta de la escuela y se fue. Tardé dos horas en darme cuenta de que no había clases. Kike regresó a la hora de la salida, y yo estuve sentado por cuatro horas en la puerta de la escuela. Creo que hasta el día de hoy no sabe que el 9 de Julio es feriado. Pero a parte de eso, siempre me llevé bien con él, a decir verdad, creo que nunca hablamos mucho, era algo común sentarse a comer, prender la televisión y solamente quedarnos callados.

      _ Bueno, Joaquín, creo que para empezar está bien _ dijo la psicóloga mientras se acomodaba los anteojos. Tomó un libro, lo abrió y me miró fijamente. _ Es común replantearse el pasado, mas a tus 52 años de edad_ Continuó hablando de que las cosas cambian, el mundo, los años y no sé que otra cosa más. Solamente estaba ahí por que sentí que era el momento de hablar con un profesional en escuchar. Pero para mi suerte, este no me dejaba hablar. _ ¿Entendiste?_ me preguntó y se acomodó los anteojos nuevamente. _Si, perfectamente_ La verdad no le presté atención, pero esa habitación, tan prolija, todo ordenado, con libros, cuadros, todos los colores combinados, incluso la ropa de ella; todo ese orden me provocaba hablar, me sentía en un confesionario. _ ¿Puedo seguir?_ Se lo pregunté con cierto temor de su respuesta. Solamente me miró y con la mano donde tenía la lapicera me hizo un gesto para que continuara mi relato.

      Era el día de mi cumpleaños número 22, y Kike decidió que era hora de que su hermoso Renault 11 color plateado, pasara a ser de mi propiedad. Recuerdo como brillaba, lo había encerado unas tres veces y hubiera podido seguir haciéndolo. Ese auto fue el favorito de él, nunca se compró otro. Rechazó ofertas de autos mejores, pero él lo amaba. Y creo que un día sintió la necesidad de pasármelo a mí. Yo claro, no entendí hasta mucho tiempo después el valor de lo que estaba otorgándome. Mientras Kike, le hacía ajustes al motor, me pide que busque un juego de llaves que dejó en su habitación. Subí como una ráfaga, quería que termine ya para salir a buscar al Zanco en el auto. Entré, las llaves estaban sobre una cómoda antigua, las tome y las saqué con fuerza, no me dí cuenta y golpeé unas cajas que había ahí. Muchos papeles volaron, las cajas quedaron en el piso, vi como se desmoronó todo y justo cuando me preparaba a volver al taller. Fue como un destello de luz, una foto al lado de la pata de la cama, me mostraba una imagen de una persona parecida a mí. Me acerqué, la tomé, de cerca no quedaban dudas, era una foto mía, pero no recordaba cuando me la habían sacado, además parecía un poco maltratada. Entré de nuevo al taller, le dí las llaves, me quedé viendo la foto. _Kike_ le murmure, pero el ruido del motor no dejó que me escuche. _ ¡Kike!_ esta vez grité _ ¿Qué pasa?_ me contestó mientras ajustaba un tornillo. _ ¿Cuándo me sacaste esta foto?_ y se la acerqué a la cara. Dejó de ajustar, tomó la foto, paró el motor. _Este no sos vos, este es el ex novio de tu madre, Jonás_ Me nublé, me quedé pensando, era algo extraño lo que sentía, quizás confusión. Cuando Kike me entregó la foto de nuevo, su mirada, en sus ojos había algo, eso fue lo que me confirmó todo. No pudo ocultar que me había enterado de la verdad.

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